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La Paz y el Derecho a Exigir

“…hoy Venezuela duele. La aparente ausencia de una solución se debe a la falta de un liderazgo que establezca un propósito de lucha que unifique al país, en lugar de dividirlo. Si estás a favor de la oposición, eres un burgués parásito, agente de la CIA, vendido al Imperio. Si favoreces al gobierno eres un comunista, maleante, vendido a Cuba y a los Castro. Ninguna de estas definiciones habla de Venezuela y de su necesidad. Solo pintan el odio y la expectativa personalista de quien esgrime el argumento, impidiendo la posibilidad de un diálogo  inteligente y patriótico.”

Rubén Blades

“La protesta es con un sentido y con una exigencia. Pacífica y delante de una institución”

“El cambio en Venezuela sólo es factible si se hacer de manera ordenada, pacífica, civil, política e inclusiva.”

“La salida no es posible sin esos 3 millones y medio de chavistas que están pasando hambre e inseguridad.”

Juliococo (Julio César Jiménez)

“esperamos que las dos partes se adhieran a los principios de igualdad y respeto mutuo, aumenten el diálogo y mejoren sus relaciones”

Hua Chunying, representante del gobierno chino

“La paz no es la meta, la paz es el camino”

Mahatma Gandhi

“Exigir no es rechazar, y mucho menos, odiar. Exigir es plantear la necesidad de un cambio en el comportamiento, el tipo y calidad de interacciones sucesivas”

Dicho NEUROCODEX

paz1El Estado tiene la obligación ineludible, a través del gobierno de turno –independientemente de si es capitalista, socialista, comunista o cualquier otro “ista” que se le quiera asignar- de responder ante sus ciudadanos por los resultados concretos en las materias que le corresponde: seguridad, salud pública, educación, acceso a lugares, defensa nacional, justicia equitativa, distribución de alimentos, presupuestos y ejecución de obras asignadas, entre los otros etc. que establece la constitución del país determinado. Esa es la esencia del contrato social. Cualquier otra consideración origina conflictos entre los intereses comunes de la población y el gobierno de turno.

Hasta muy recién no existían herramientas mentales y de comunicación capaces de hacer factibles acuerdos y soluciones de conflictos diferentes del sometimiento, la fuerza bruta y la imposición de alguna parte sobre la otra. Desde la segunda mitad del siglo XX aparecieron progresivamente metodologías que, al ser asumidas por las partes en conflicto, favorecen enormemente el que superemos la animalidad característica de nuestra especie en cierto nivel de funcionamiento, particularmente cuando somos presa de emociones y sentimientos innobles, en lugar de arrojar luces inteligentes sobre las diferencias, el egoísmo, la soberbia y otras indelicadezas propias de un mamífero armado de forma compleja, tal como somos los seres humanos. Vienen a mí las palabras descriptivas del gran neuropsicólogo y médico Paul McLean: “cuando un hombre se acuesta en el diván de un psicoanalista, lo hace entre un caimán y un caballo”, con lo que nos dejó bien claro que para encontrar soluciones inteligentes hay que lograr estados de razón y sano juicio, lo cual escasea cuando acusamos a otros de mala intención, locura o incapacidad, sin haber previamente conocido sus argumentos, expectativas, esperanzas y acciones específicas emprendidas para explicar y justificar sus acciones y consecuencias de éstas.

Lamentablemente, la sociedad civil como conjunto sólo tiene como forma de exigir correcciones por parte del Estado mediante las protestas de calle. El gobierno tiene muchas opciones diferentes, ya que acumula el dinero de todos y las armas para regular de manera bestial el comportamiento de las masas.

El esfuerzo mayor, por lo tanto, para resolver pacíficamente el conflicto presente en Venezuela, le corresponde ahora al gobierno, permitiendo que profesionales de la mediación y negociación de conflictos participen activamente en la regulación de los sentimientos, emociones, expectativas, esperanzas y acciones específicas de los representantes que de lado y lado se seleccionen para sacar adelante el país, ya sea con cualquier “ista” que se determine. Quién quita que sea la concreción de esa idea suelta por allí que algunos llaman “socialismo del siglo XXI”. Será una excelente oportunidad para conocerlo.

Mientras ese auténtico diálogo inteligente llega, la obligación de la sociedad civil es seguir reclamando y exigiendo, en forma pacífica, activamente en la calle, resultados específicos en salud, educación, seguridad, vías, sana administración, etc. Y sabiendo claramente que, a veces, el insight tarda y, además, Siria es una realidad…